Monday, April 25, 2005

Extraño

Estaba caminando como siempre, con los pies hinchados como últimamente, y el sol ya no quemaba, pero aún así de débil, podía desenmascarar mi piel, podían verse mis manchas, nunca me habían parecido tan notables como hoy, en la tarde.
Son plateadas, me asombra, nunca me hubiera imaginado años atrás que mi piel brillaría. A veces parecen moretes, o cicatrices, o será que eso son. Creo que me conviene pensar que brilla. Psoriasis es el término médico, parece que lo causa el sol, el frío o la mente, quién sabe¡. Comencé a pensar que tenía que ver conmigo, que esto era una enfermedad que se tomaba demasiado personal mis acciones cotidianas, demasiado; como si se tratara de un moderador, de un equilibrador. Pensé también que quizá era un complemento de mi karma, o como quieran llamarlo; pero no quería pensar que era una enfermedad para débiles, cuando si se traduce lo científico a lo común, ese sería el resultado. Cualquiera es débil, pero yo no lo acepto, es tan burdo ser débil, a lo poco, a lo mucho, a mi peor enemigo mi mente.
Esta costando trabajo pensar siempre lo más simple, lo más sencillo de las cosas. Parece que como a muchos, me gusta complicarlo todo, y no quiero que sea así, no con estas marcas amenazando con expandirse. Que común es lo complicado, que absurdo, que asco.
Nada como ser un color, nunca cambian; el rojo siempre será rojo, si quisiera ser verde, sería imposible. Quisiera regresar a mi color, el que tuve desde un principio.
De niña, cuando iba al pueblo de mis tatas&nanas, se podría decir que las cosas eran mágicas, había mucha libertad para una niña de 5 años que más o menos comenzaba a entender. En ese entonces poseía toda la ñoñez requerida; le hablaba a las plantas cuando las regaba, creía que me entendían, me sentía mal si quedaba alguna sin regar; después le daba granos a las gallinas, correteaba a los pollitos, siempre tuve miedo de agarrarlos, por eso de que su madre me podría picar y porque sentía que eran tan frágiles que de solo tomarlos podría apachurarlos todos. A los perros les daba las sobras de la cocina, como era costumbre, y les servía agua, a ellos no les hablaba nomas les acariciaba la cabeza, en medio de los ojos, donde el pelo es corto. Los gatos, siempre hubo una negatividad familiar hacia los gatos, la cual casi logran pasarme, pero no fue así. Recuerdo la higuera que ya no está, el pino sin su tronco dividido que guardaba toda clase de insectos, que un día me puse a inspeccionar, tuve suerte de que no me picaran, era el árbol más notorio del pueblo ; la carreta en la que jugabamos, muy tipo viejo oeste, con el verde de sus maderas casi invisible, muy gastada. Recuerdo que siempre en primavera al caer la noche, tenía miedo de salir por la puerta principal, pues la luz del foco de afuera atraía los más horribles insectos que hubiese visto, volaban, y yo me ponía histérica si pasaba por ahí. La mora, siempre arrancándoles las moras con una varilla, con la varilla de las limas, pero esas yo no las cortaba, casi no me gustaban; el baño lleno de grillos, ahh, era horrible eso al principio, después ya no les tenía miedo. Las pitayas, la milpa, la pila, el canal donde nos bañabamos, la cañada de las uvalamas, la presa donde pescabamos, el panteón, de donde alguna vez busqué temor y otras resignación; la luna, los zancudos, las lámparas de aceite, el rancho de los Yaquis, las piedras, las chucatas, la leche bronca con quick, mi tata, su sombrero, su gran panza, su buen corazón de abuelo , el aterrizaje, las fogatas, la lluvia y sus ventarrones, los días nublados, mis papas, las estrellas.....
Que raro que me duela recordar mi niñez, como si lamentáse de más su término y todo lo que le llegó a rodear, ciertos familiares, las circunstancias. Pero los peros existen para seguir a este tipo de frases, pero aún así no diré nada, de hecho ya dejé de considerarlo, las cosas fluyen bien en cada etapa, sobre todo al final de las mismas cuando ya no queda emoción por sentir al respecto, cuando simplemente se cambia, un poco.